Este sábado por fin han contraído matrimonio en la ciudad de Windsor, el príncipe Enrique de Inglaterra y la actriz estadounidense Meghan Markle, entre grandes fastos y multitudes. 

El enlace inició a la una de la tarde, hora de Londres; tras la ceremonia, que ha durado una hora, a la que posterior continúo un paseo de los recién casados en carroza por Windsor, la localidad a una hora al oeste de Londres en la que se calcula que han asistido unas 100,000 personas. 

Al finalizar el paseo de Meghan y Enrique de Inglaterra, de una media hora, se ha cerrado el telón y ha comenzado la parte privada de la boda, con un almuerzo que ofrece la abuela del novio, la reina Isabel II, en el castillo de Windsor y una fiesta de noche en la mansión Frogmore, detalle del padre del novio. 

Ceremonia 

Meghan Markle y el príncipe Harry, rompieron las “reglas” al momento de decir “sí, acepto” en el castillo de Windsor, que se encontraba repleto de estrellas de Hollywood para la boda del año y que se sacudió por el sermón sobre el “poder del amor” a cargo del predicador episcopal Michael Curry, que causó una auténtica conmoción bajo las puertas de San Jorge. 

La novia, lució un vestido diseñado por Claire Waight Keller para Givenchy, y que decidió caminar en solitario a su entrada en la capilla, reafirmando su “independencia”, y que al decir sus votos matrimoniales suprimió la fórmula “obediencia” al marido, siguiendo los pasos de la princesa Diana. Arropada por su madre Doria hasta la llegada al templo, Meghan aprovechó la ausencia de su padre Thomas para eludir también el rito de “entrega” de la novia. 

Fue el príncipe Carlos quien la acompañó sin más en la recta final hasta la altura del novio, que se encontraba vestido con el uniforme de capitán de los Marines para realzar su bagaje militar. Los Duques Sussex demostraron su complicidad en el momento del I will, precedido de amplias sonrisas de alivio que se propagaron entre los 600 invitados y quebraron la solemnidad de la ceremonia, que arrancó con un cántico inspirado en los versículos de San Juan. 

La iglesia gótica del recinto amurallado de Windsor vibró ante el Stand by me de Ben E. King y con el This little light of me de Etta James, con las voces del coro de góspel The Kingdom Choir, haciendo homenaje a las raíces afroamericanas de la novia; el arzobispo episcopal Michael Curry, curtido en la batalla de los derechos civiles, ofició el energético sermón y recordó las palabras de Martin Lhuter King: “Celebremos el poder del amor”. 

El entusiasmo del reverendo Curry al proclamar  “la confluencia de dos mundos diferentes” hizo moverse en sus bancos a todos los invitados, comenzando por la propia Reina, que movió los hombros y dio señales de sentirse incómoda; los británicos tuvieron acaso un primer atisbo de la “nueva era” de la que hablan de los periódicos. Hasta Elton John, que venía de dar un concierto en Las Vegas, reaccionó con visible estupefacción ante las palabras del predicador, que terminó haciendo un particular homenaje al Imagine de John Lennon. 

El impacto de la boda real 

Millones de telespectadores siguieron en todo el mundo la ceremonia, culminada con el paseo en carroza de la pareja bajo un sol inusual y preveraniego en la campiña británica; se estima que el enlace le ha dado un impulso de más de 1.100 millones de euros a la economía local. 

Rachel Meghan Markle y Henry Charles Albert David quisieron romper de inicio con el protocolo y solicitaron al arzobispo de Canterbury; Justin Welby, que les llamara por sus nombres de pila, Meghan y Harry. El reverendo Curry fue aún más allá y les llamó directamente “brother and sister” (“hermano y hermana”). 

Harry quiso ceder un protagonismo especial a la hermana de su madre, Jane Fellowes, que leyó la obligada “Canción e Salomón”; la tradición dejo sin embargo paso a la modernidad, con la actuación estelar del joven violoncelista Sheku Kanneh-Mason, en una celebración final a la diversidad. 

Fue así como en punto de la 1:15 hora local, los Duques de Sussex pasearon por las calles de Windsor, subido a una carroza Ascot Landau que  prestó para la ocasión la Reina Isabel II, quien posteriormente agasajará a los invitados al almuerzo en Widsor, acompañado con una tarta de limón y flor de saúco y concebida por la pastelera vegana Claire Ptak “para chuparse los dedos y no dejársela en el plato”, como suele suceder en las bodas. 

Más tarde el príncipe Carlos celebrará por una segunda fiesta, reservadísima esta vez para 200 invitados, en la cercana Frogmore House, donde la pareja pasará la noche de bodas; el próximo martes Meghan y Harry devolverán el favor al heredero de la Corona, durante la fiesta anticipada de 70 cumpleaños de Carlos que será un primer actor oficial después de la boda; la luna de miel esperará.